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Introducción
El dolor es una de las experiencias más desagradables que
puede experimentar el ser humano, y si a esto agregamos la
presencia de diferentes fallas sistémicas como sucede en el
paciente crítico, resulta complejo tanto el manejo como la
evaluación del mismo. Además, el adecuado tratamiento de
dolor no solo repercutirá en este parámetro, sino podremos
disminuir la respuesta exacerbada de diferentes sistemas
como el inmunológico, nervioso y cardiovascular.
La definición de dolor que inició en 1978 respaldada por el
presidente de la Asociación Internacional para el Estudio del
Dolor (IASP), John J. Bonica refiere que es una “experiencia
sensorial y emocional desagradable asociada con un daño ti-
sular real o potencial o descrita en términos de dicho daño”1.
Esta definición ha sido aceptada por diferentes profesionales
e investigadores en el campo del dolor; así como por organi-
zaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya
que, en las revisiones de 1986, 1994 y 2011 no existieron mo-
dificaciones. Sin embargo, en 2020 nuevamente un comité
de la IASP realizó una revisión a la definición de dolor conclu-
yendo que el dolor es siempre una experiencia personal in-
fluenciada en diferentes niveles como los es el biológico,
psicológico y factores sociales y que no siempre está precedi-
da por un daño tisular por lo que esta revisión define al dolor
como “Una experiencia sensorial y emocional desagradable
asociada con, o parecida a la asociada con, daño tisular real o
potencial”.
Actualmente el dolor es considerado el quinto signo vital2,
sin embargo pocos son los estudios que registran la inciden-
cia de dolor en pacientes dentro de la unidad de cuidados
intensivos y esto se debe en la gran mayoría de los casos por
la poca experiencia en el reconocimiento de esta entidad en
el paciente crítico ya que en la gran mayoría de los casos no
puede manifestar dicha sensación por situaciones como el so-
porte mecánico ventilatorio invasivo, bloqueo neuromuscu-
lar, sedación profunda, entre otros. Shaikh (2018)3 refiere
que la incidencia de dolor significativo en los pacientes de
Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) quirúrgica y no quirúr-
gica es del 50%. Erdek (2004)4 en un estudio realizado en la
universidad de Baltimore, Estados Unidos, reporta presencia
de dolor en el 77% de los pacientes siendo 32% intenso y
60% moderado-intenso. Pocos estudios se han realizado en
Unidades de Cuidados Intensivos en México siendo García-
Ramírez en 2017 quien reporta presencia de dolor en los
pacientes de la unidad de Cuidados Intensivos Metabólicos
del Hospital IMSS de Ciudad Obregón en el 69.4% siendo
de intensidad leve en 5.55% y moderado-intenso en el
63.88%5. Con estos antecedentes observamos que el dolor
es una entidad clínica presente en los pacientes críticos,
aun estando en la UCI, por lo que proporcionar estrategias a
los profesionales de evaluación y manejo, es el objetivo del
presente artículo.
Implicaciones fisiológicas del dolor
en el paciente crítico
Es importante mencionar cuales son los momentos en que
se puede presentar dolor y las repercusiones fisiológicas del
mismo.
Cuando el paciente experimenta dolor severo, se genera
estimulación simpática que provoca taquicardia, hiperten-
sión, aumento del consumo de oxígeno miocárdico y en pa-
cientes susceptibles puede generar isquemia miocárdica2. No
es infrecuente la presencia de pacientes posquirúrgicos de
cirugía abdominal en la UCI y el dolor mal manejado en inci-
siones abdominales genera disminución de la función dia-
fragmática, hiperventilación y atelectasia.
El dolor intenso, a nivel endócrino estimula el eje hipotalá-
mico-pituitario-suprarrenal-tiroideo-gonadal hasta el punto
en que los órganos finales produzcan y secreten hormonas a
valores séricos normales, sin embargo, si las glándulas de
este eje no pueden soportar las demandas de dolor intenso
los niveles séricos de algunas hormonas pueden disminuir in-
cluso por debajo de niveles normales. Las hormonas que se
ha observado que generan esta respuesta son el cortisol, la
pregnenolona, la dehidroepiandrosterona y la testosterona6.
De acuerdo con Schelling et al. el dolor presente en pa-
cientes bajo sedación puede manifestarse como agitación y
delirio pudiendo tener secuelas como trastorno de estrés
postraumático, depresión y ansiedad o incluso puede pro-
gresar a dolor crónico7. Granja et al. refiere que el 17% de los
pacientes egresados de la UCI experimenta dolor intenso tras
6 meses de alta y el 18% corría el riesgo de desarrollar tras-
torno de estrés postraumático8.
También se presenta síndrome de respuesta inflamatoria
sistémica, hiperglucemia, inmunosupresión, alteración de la
cicatrización, hipercoagulabilidad y aumento del catabolismo
lo que conduce a una mayor estancia en la unidad de cuida-
dos intensivos o en hospitalización y directamente impacta
en la mortalidad2.
Existen procedimientos que se catalogan como rutinarios,
pero que en un paciente crítico pueden generar dolor como
lo es el baño, cambio de sábanas y el reposicionamiento. En
el estudio NURSEDO realizado en Francia refiere una inci-
dencia de dolor severo del 26% durante la movilización de
pacientes para procedimientos de atención de enfermería en
la UCI9.
En la Tabla 1 podemos encontrar causas de dolor en el pa-
ciente críticamente enfermo dentro de la Unidad de Cuida-
dos Intensivos.